Conoce a Tegualda

El jardín de Tegualda es un espacio dedicado al arte y la cultura, inmerso en pleno Barrio Italia.

Acá encontrarás talleres literarios, cuenta cuentos, exposiciones, antigüedades, teatro y mucho más.

Tegualda

Tegualda fue una valiente mujer mapuche. Los únicos registros que hay de ella están en los poemas escritos por Alonso de Ercilla en "La araucana". Allí la relata como una heroína que vive trágicos momentos. 

Tegualda y Crepino se habían casado hacía solo un mes, cuando él partió a la guerra. Como el tiempo pasaba y su esposo no volvía, la joven mujer mapuche salió a buscarlo. Por las noches, recorría los campos y bosques de araucarias. Durante el día se ocultaba del enemigo huinca para no ser capturada.

Ercilla cuenta que se encontró con Tegualda mientras ella buscaba a su marido y, al ver su sufrimiento, la acompaña en su cruzada. Juntos encontraron el cadáver de Crepino.

La mujer, según cuenta el poeta, cae en la desesperación y desea partir con su amor, pero Ercilla la consuela y le ayuda a dar sepultura su marido.

Extracto de "La Araucana"

  Ella, del bien incrédulo, llorando,
los brazos extendidos, me pedía
firme seguridad; y así llamando
los indios del servicio que tenía,
salí con ella, acá y allá buscando.
Al fin, entre los muertos que allí
había,
hallamos el sangriento cuerpo
helado,
de una redonda bala atravesado.
La mísera Tegualda que delante
vio la marchita faz desfigurada,
con horrendo furor en un instante
sobre ella se arrojó desatinada;
y junta con la suya, en abundante
flujo de vivas lágrimas bañada,
la boca le besaba y la herida,
por ver si le podía infundir la vida.
«¡Ay cuitada de mí!-decía-, ¿qué
hago
entre tanto dolor y desventura?
¿Cómo al injusto amor no satisfago
en esta aparejada coyuntura?
¿Por qué ya, pusilánime, de un trago
no acabo de pasar tanta amargura?
¿Qué es esto? ¿La injusticia a dónde
llega,
que al morir forzoso se me niega?»
Así, furiosa por morir, echaba
la rigurosa mano al blanco cuello
y no pudiendo más, no perdonaba
al afligido rostro ni al cabello,
y aunque yo de perturbarlo procuraba,
apenas era parte a defenderlo
tan grande era la basca y ansia fuerte
de la rabiosa gana de la muerte.